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Aquella Maravillosa Infancia

Juegos de los años 70 y 80 en la calle

¿Te gustaría volver a jugar a las canicas? ¿Quieres enseñar a tus hijos lo bien que bailabas la peonza? Date una vuelta esta sección porque vamos a recordar esos juegos y juguetes clásicos y antiguos de la calle que existían cuando eras niño.

El día que nos regalaban el primer balón de reglamento dormíamos abrazados a él. Seguro que todavía te acuerdas de su olor. Eran nuestros tesoros que tanto nos había costado conseguir bajo la eterna amenaza paterna. De pequeños, grabábamos en la peonza nuestro nombre y revisábamos los rodamientos de las ruedas del monopatín Sancheski, lubricándolos casi a diario con 3-en-uno.

Juegos tradicionales, ¡A la calle a jugar!

¿Qué niño de los años 80 no recuerda los juegos en el patio del colegio o en la calle? Las mejores tardes eran las de los viernes en verano. Nos dejaban estar en la calle hasta casi las diez de la noche, justo cuando las madres nos reclamaban a grito pelado desde la ventana.

No siempre subíamos a cenar en el mejor estado. A nuestras madres les preocupaban menos las camisetas rotas o manchadas que las rodillas magulladas, aunque tenían solución para ambas cosas. Para la primera, un remiendo; para la segunda, mercromina. Sin duda, los niños de la EGB tenemos mucha suerte de haber sido una generación que creció en la calle.

En la calle, jugábamos al escondite inglés (sin mover mas manos ni los pies), a la comba, a churro, media manga manga entera, a las canicas o a las chapas, a la comba, al yo-yo, a la peonza o al pañuelo… Los más bestias, organizaban guerras con los tirachinas.

La nuestra fue una generación que jugaba en la calle. Era nuestro lugar de encuentro con los amigos, con las pandillas de chicos o de chicas. Nos divertíamos con una serie de juegos, en muchos casos heredados de las generaciones anteriores, que tenían la calle como sitio corriente para su desarrollo.

Posiblemente fue la última generación que tuvo la calle como escenario de sus juegos. La llegada de los juegos electrónicos y de los ordenadores, el tráfico cada vez más intenso en las ciudades, la desaparición de los descampados y la inseguridad ciudadana, crearon en las generaciones posteriores a la nuestra una forma diferente de divertirse y relacionarse.

Eran juegos donde el espacio era sin duda indispensable: el bote, el balón prisionero… En este último se dibujaba un campo diidido en dos secciones, con un equipo en cada mitad tratando de dar con un balón a los del equipo contrario. Si te daban, pasabas a situarte detrás del equipo contrario, y desde allí podías recoger los balones que, lanzados por tu equipo esquivaban los del equipo contrario, e intentar darlos tú.

Existían juegos que eran más de chicas y otros más de chicos. Las chicas jugaban a la goma: se trataba de una goma elástica, generalmente de color negro, que se colocaba estirada entre dos niñas a la altura de los pies; las jugadoras tenían que ir haciendo saltos y enredos con dicha goma, que iba subiendo de altura y complicando los saltos de las jugadoras.

Otro era la rayuela: se dibujaban en el suelo unas casillas numeradas que iban recorriendo las jugadoras a la pata coja, y, empujando una piedra a pataditas, de casilla en casilla. Este juego tenían otros nombres, según la forma de los dibujos: el avión, cielo y tierra…

Las chicas se llevaban su goma elástica al colegio, bien para jugar en el recreo o a la salida de clase, y los chicos iban con el balón o las chapas a cuestas.

Uno de los juegos estrella de los chicos era el fútbol. Jugar al fútbol es, efectivamente, la pasión de los niños de muchas generaciones. La nuestra disfrutó de ellos utilizando esos espacios abiertos donde se hacían porterías con dos piedras.

Ahora existen estupendas infraestructuras donde hay campos preparados para éste y otros deportes, pero antes lo que teníamos era la inmediatez, y nuestro campo creado con la imaginación.

Los colegios solían contar con un campo de fútbol en los patios, y, si no un campo, sí al menos con un par de porterías. En las clases siempre había una selección de fútbol. Y aunque había de todo, los que mejor jugaban al fútbol solían ser los que peores notas sacaban, seguramente porque se pasaban más rato jugando en la calle.

También estaban los partidos de fútbol entre barrios o pandillas; aquí lo malo era que las porterías no tenían postes decentes ni largueros y no había árbitro, y nadie se ponía de acuerdo en si había sido alto, gol o fuera.

Esa imagen de los corros de niñas jugando en la calle o en los patios de los colegios, a la goma o a la rayuela, y los niños corriendo como descosidos en los descampados detrás de un balón, ya no existe, ya es de otro tiempo.

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